Esta mañana, al volver del gimnasio, me encontré con dos furgones de la policía y uno de los servicios funerarios de Barcelona en el pasaje donde vivimos. Me acerqué al portal y una de las adolescentes que hace botellón debajo de mi casa me saludó con ganas de contarme:
“¿A quién habéis matado?”, le pregunté en broma. Y entonces ella me lo contó: que habían descubierto el cadáver de una mujer en uno de los pisos del edificio de enfrente. Que llevaba un tiempo muerta, que debía de estar sola y nadie la echó de menos…
… y según iba avanzando en su relato, ella que es tan resuelta, tan chunga a veces con los chicos de su pandilla que la increpan, de repente, la adolescente guay porrera, se echó a llorar. Y yo no supe qué hacer. “Abrazarla”, pensé. Y lo hice.
Hoy, en ‘Maravillas de la prensa libre’…
… y tú, Letizia, ¿por qué tomas Vivesoy?
Que dice un farsante de la autoayuda que, además de pobres, tristes y desesperados, os vais a quedar más solos que la una:
Si pasamos demasiado tiempo con víctimas que se centran en todos los problemas que hay en la economía y en cuyo vocabulario siempre está la palabra imposible, comenzaremos a ver solo problemas y no soluciones.

(Fuente: Vanity Fair)
Nada como la autoayuda para acabar con las revoluciones, para apartar como apestados a las víctimas y para convertir las plazas en campos de concentración.
Qué asco.
¡Ah, que es un boli o un lápiz! ¡Les prometo que creí que era una jeringuilla!
Y me he dicho:
“¡Mira qué moderna Adriana Abascal, que sale en la portada del ¡HOLA! inyectándose bótox!”
Pero no. Penica.
De mi ‘Teleindiscreto’ de esta semana en LECTURAS